Otro mundo es posible

Marcelo Vásconez Carrasco





Abstract: El escrito describe una sociedad ideal, apegada a lo que exige la ética y la naturaleza de los seres humanos, invitando al lector a mejorar el mundo.



Palabras clave: utopía, bien común, bienestar, derechos y deberes, justicia, igualdad, solidaridad, libertad, república planetaria, hermandad, progreso.



¿Qué características quisiera que tuviese el mundo en el que me sentiría a gusto? Voy a describir a continuación mi sociedad casi perfecta, en donde desearía que vivan mis hijos y nietos, aunque se encuentra en un futuro remoto aún. Para muchos será un lindo sueño, pero confío en que es realizable. Indirectamente señalaré aspectos negativos que tiene la presente organización social, pero a la vez indicaré cómo debería ser, en qué dirección deberíamos transformarla.



La sociedad.- En mi utopía reina un optimismo: hay motivación para vivir con entusiasmo, para realizarse plenamente. Ha habido mucho progreso moral y político. Lo más importante que se ha logrado es el crecimiento moral de las personas, quienes voluntariamente hacen el bien a las demás, contribuyendo al desarrollo de la humanidad. En efecto, nos tratamos como hermanos, sin que nadie surja aplastando al prójimo. El pueblo es colaborador: si alguien cae en una desdicha, los vecinos o desconocidos están prestos a ayudar. Nos sentimos como en el paraíso, conviviendo en paz y en armonía. Por todas partes se ven sonrisas, los niños juegan alegres; la gente no anda preocupada ni estresada (casi nadie recurre al psiquiatra); se disfruta sanamente de la vida; se ha extinguido la necesidad de consumir droga para evadirse de la triste realidad. Se desterraron los odios fratricidas. Las personas son amigables y comprensivas. El respeto, la sinceridad, la cordialidad son la base de las relaciones; por ello, firmar contratos se convirtió en una mera formalidad para que quede constancia en los archivos, pero no hay desconfianza. Envidias, venganza y rencores están en decadencia, y por lo tanto, en el lugar de trabajo no hay divisiones. Se han superado las intolerancias. Las quejas se resuelven sin dificultades. La televisión no muestra violencia, sino ejemplos de compasión, generosidad, desprendimiento, reciprocidad; las noticias de crónica roja quedaron prohibidas, casi ocultas; los medios de comunicación se independizaron de los poderosos, y ahora informan la verdad, en vez de desinformar y embrutecer. Hay libertad; todos hacen lo que quieren pero dentro del imperio de la ley.



Política.- Los gobernantes aprendieron de los filósofos la correcta política, cuyo fin último es la felicidad universal. Las autoridades son las primeras en cumplir la ley, de modo que ellas, con su ejemplo, fortalecen una práctica generalizada de honestidad e integridad. Los legisladores adquirieron ese sentido de amparo al débil, y así apenas se sufre los impactos de las desgracias ya que el socorro de la colectividad minimiza las penalidades. El abogado, juez o magistrado tramposo, que justifica lo indefendible, es una especie en vías de acelerada extinción desde hace décadas. Los jerarcas de la Iglesia hace mucho dejaron de estar de lado de los ricos; y los curitas son animadores para vivir bien socialmente y no sólo a nivel individual.



Función social de la propiedad e igualdad.- Quedó bien atrás la época del capitalismo puro y duro. Se le reconoció al mismo el derecho a la eutanasia voluntaria, y el mercado libre fue el primero en pedirla para sí, por razones humanitarias. Ya no sobrevive ningún rastro de la hegemonía del capital por encima del bienestar humano. La corrupción, el neocolonialismo, la explotación del obrero sólo permanecen en la memoria. El estado social planifica para el bien común, y eliminó la empresa privada. Tampoco hay propiedad privada: hemos aprendido que la tierra es de todos, y que tenemos que compartir. Los comerciantes no revenden los productos a precios más altos. Las casas no necesitan cerrar sus puertas con candado. El que tenía más plata ya no se cree más que otro, mirándole a uno por debajo del hombro; al contrario, quien usufructuó de privilegios ilícitamente adquiridos tuvo su merecido. Nos tratamos como iguales, pues cayeron en desuso los títulos y las noblezas, ni hay reyes ni príncipes; no se ven desigualdades entre ricos y pobres; terminó el machismo, el racismo y otras discriminaciones arbitrarias. Nadie menosprecia al barrendero o al recolector de basura, porque sabemos que no hay trabajo indigno, y ellos ganan más que ciertos burócratas de cuello blanco y corbata que no transpiran. Nos enteramos de la crueldad de las guerras únicamente al leer los libros de historia; cuando recordamos esos hechos sangrientos, damos un profundo suspiro de alivio porque estamos libres de ellos y sabemos que nunca jamás se repetirán; las pocas armas que se conservan al igual que los uniformes de los soldados están en los museos, como piezas de la antigüedad; los cuarteles pasaron a ser hospitales. Nos sentimos contentos de haber alcanzado este grado de evolución gracias al esfuerzo de luchadores del pasado que se ocuparon de combatir la sociedad con privilegios para unos pocos y de hacer cambiar la mentalidad egoísta reinante por doquier en aquel entonces.



República planetaria.- Se borraron del mapa las fronteras, conviviendo en las ciudades gentes de varias religiones y nacionalidades. Surgieron los países anteriormente saqueados por las potencias coloniales gracias a la justa y requerida compensación rectificadora de sus excolonizadores. Ya no hay países que están más adelantados que otros, de tal modo que ya no hace falta emigrar a otro país más próspero, con más garantías de una vida mejor, porque en el país de uno la situación no solo es bien llevadera sino de prosperidad. Tampoco hay ya más hogares destruidos por la migración.



Derechos positivos.- Se da por sobreentendido que el mundo es justo y todos gozan de sus derechos. El trabajo es tan productivo que hay abundancia de bienes para todos, y en consecuencia, nadie pasa necesidades materiales: han desaparecido los mendigos y los niños que hacen malabares en las esquinas de los semáforos, pidiendo caridad; además, no conocemos pobres ni hambrientos ni desnutridos ni analfabetos. El padre de familia ya no tiene que estar desesperado por premuras económicas; se acabó el pedir una prórroga para pagar el arriendo o la pensión del colegio. No existen más deudas. Las escuelas y los hospitales son gratuitos. Se despoblaron las cárceles después que los banqueros y demás corruptos pagaron sus condenas, y porque, habiendo expirado el último criminal, no hay antisociales a quienes privarles de libertad, ya que todo hombre tiene empleo, qué comer, dónde vivir, disfrutando cada uno de un seguro social de calidad. Los grandes ladrones tuvieron que devolver lo robado, y los perjudicados vieron satisfechos sus anhelos de reparación. Los evasores de impuestos se arrepintieron dándose cuenta de que la primera y la más fuerte obligación que tenemos es la de contribuir a elevar la calidad de vida de la sociedad. Los policías son simplemente guardias. No hace falta que el trabajador reclame al patrono todos los beneficios de ley, porque éste no es un explotador.



Salud.- Dado el ambiente en que se vive, los dueños de las clínicas comprendieron que no podían lucrarse aprovechándose de la enfermedad de los otros. Se les dio el acta de defunción a las rateras aseguradoras privadas, que encontraban cualquier pretexto para no pagar al asegurado. Los médicos tienen menos trabajo porque la gente sufre menos y las heridas se curan pronto, pero ellos ya no necesitan inventarse operaciones para sacarles plata a los pacientes. Ninguna receta queda en la cartera por no poder ser comprada. El tabaco y el alcohol desaparecieron en un pasado muy lejano. Se logró combatir el sida y el cáncer, a bajo costo. Las tasas de mortalidad infantil fueron asunto del siglo XXI. En todas partes se aspira a vivir tranquilamente más de 90 años.



Educación y cultura.- En las escuelas --que dejaron de ser negocios para enriquecer el bolsillo privado-- se aprende que somos una gran familia, y sus bibliotecas son enormes y bien surtidas. Es tal el afán de conocer y aprender de los niños que las calificaciones se hicieron inútiles porque todos pasaban con muy buenas notas, en tanto que los jóvenes se instruyen, se preparan con ahinco para servir, porque son conscientes de que su deber fundamental es el de aportar decididamente al bienestar de la comunidad. Los maestros se sienten orgullosos de enseñar lenguaje y matemáticas, recibiendo un salario decente. Hay un profesor de Proyectos en los colegios, pero la materia cambió de nombre a "Realización de Sueños e Ilusiones". La gente es hoy más inteligente porque con el mercado se hundió la moda de no enseñar nada, y se reconoció que no hay avance sin transmisión y acumulación de conocimientos. Por otra parte, se disfruta de la cultura: abundan artistas, músicos, cantantes, pintores, teatreros, y titiriteros que divierten y entretienen a la gente de todas las edades, y también literatos que crean cuentos infantiles y poesía. Los filósofos han cumplido su misión de mostrar el camino por dónde progresar, e imparten lecciones críticas sobre el sentido de la vida, las virtudes y los valores, la libertad.



Familia.- Los padres son responsables de la educación de sus hijos al concentrarse en hacer de ellos --con sus varios dotes y en el lugar en que les toque vivir-- gente que colabora con la sociedad. A nivel familiar hay amor y felicidad, respirándose en los hogares paz y ternura. Los cónyuges se perdonan, y son fieles hasta la muerte. El amor de enamorados no disminuyó, sino que creció y maduró. Los padres no castigan físicamente a sus hijos. No hay niños abandonados, ni embarazos indeseados. Los maridos barren, cocinan, lavan los trastes, lavan y planchan la ropa, cambian los pañales al bebé y comparten otras tareas domésticas. Por la noche todos están en su casa. Los enamorados recitan poemas de amor a sus enamoradas, poniendo su alma y corazón.



Ecología.- Ese mundo ideal en el que me gustaría vivir tiene días claros y más bosques verdes. Hay mucha conciencia ecológica. La ciudad ya no es de los carros privados pues sólo hay transporte público digno, sin choferes abusivos; gozamos por tanto de aire puro. También el agua es pura, y se ha logrado controlar el calentamiento climático. La constitución de la república planetaria protege a los animales no humanos. Nadie es carnívoro, y por un milagro de la naturaleza unos animales ya no se comen a otros, pues se han vuelto vegetarianos. Nos gusta ir al acuario para apreciar apaciblemente la diversidad de especies. Los empresarios que organizaban las corridas de toros se sensibilizaron y clausuraron los espectáculos bárbaros.



Urbanismo.- Se puede caminar por cualquier parte de la ciudad a altas horas de la noche sin que haya peligro de un asalto, habiendo en todo ambiente seguridad. Los parques infantiles y de diversión son grandes, variados y llenos de florecillas de múltiples colores. Las ciudades crecen para arriba, en vez de extenderse horizontalmente, invadiendo los campos. Cada barrio tiene su complejo deportivo, con piscina, gimnasio, canchas, etc. En toda ciudad hay arquitectura hermosa para admirar; en cada una de ellas hay especialistas para todo; por ejemplo, hay la librería de sólo arte.



Conclusión.- Al imaginarme ese hermoso mundo alternativo que podemos construir, reafirmo mi certera esperanza de que sí se puede lograr cambiar nuestra realidad infame y vergonzosa, con el aporte mancomunado de todos, y con leyes más benignas. Tomemos las medidas adecuadas para ir saliendo del actual sistema injusto, y hacer la transición hacia una sociedad planetaria más humana. Pero el progreso se dará no por nuestra buena voluntad, sino por una inexorable ley de la evolución natural.



Cuenca, 17 de diciembre, 2008. Última revisión: 3 de junio, 2010